CC BY -NC-ND 4.0.  
Teoría de sistemas: De  
Ludwig von Bertalanffy a  
Niklas Luhmann  
Systems theory: From Ludwig von Bertalanffy  
to Niklas Luhmann  
1
Eduardo Daniel Vázquez Pérez  
Recepción: Febrero 2 de 2023  
Aprobación: Mayo 31 de 2023  
Publicación: Junio 30 de 2023  
Cómo citar este artículo:  
Vázquez P, Eduardo. (2023). “Teoría de sistemas: De Ludwig von Bertalanffy a Niklas Luhmann”.  
Miradas, Vol. 18, Nº 1. pp. 195 - 206  
https://doi.org/10.22517/25393812.25276  
1 Maestro en Derecho, con Mención Honorífica por la UNAM; Doctorando del Posgrado en Intervención en las  
Organizaciones de la UniversidadAutónoma Metropolitana (UAM), UnidadAzcapotzalco, Ciudad de México; Investigador  
certificado por el Vicerrectorado de Política Científica, Investigación y Doctorado de la Universidad Complutense de  
Madrid, España (UCM); Investigador certificado por la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la Universidad Carlos  
III de Madrid, España (UC3M); Autor de diversos artículos en revistas indixadas en Colombia, México y Perú.  
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Resumen  
En la actualidad, el impacto que ha tenido la teoría de los sistemas - por  
supuesto, en algunos países del globo - radica en el hecho de que nos permite  
comprender el funcionamiento del mundo, desde el sistema más pequeño hasta el  
más complejo, incluso de lo complejo sumergido e interactuando constantemente  
en redes de más redes de complejidad, toda vez que el paradigma sistemático  
indica que todo es mayor a la suma de sus partes; esto es, que todo lo dinámico  
e interconectado comunicacionalmente es operativamente funcional, lo cual  
permite que el sistema pueda ser diferenciado del entorno, con el objetivo  
de identificar, también las propiedades que lo hacen ser único en la unidad  
(autónomo, regenerativo y referencial). Así mismo, el paradigma sistémico puede  
emplearse para comprender cualquier realidad, a efecto de verificarla y develar en  
la complejidad en que nos encontramos inmersos.  
Palabras clave: Teoría de sistemas, complejidad, paradigma metodológico,  
entorno.  
Abstract  
Today, the impact that systems theory has had-of course, in some countries  
around the world-lies in the fact that it allows us to understand the workings of  
the world, from the smallest to the most complex system, even of the submerged  
complex and constantly interacting in networks of more networks of complexity,  
since the systematic paradigm indicates that everything is greater than the sum of  
its parts; that is, that everything dynamic and interconnected communicatively is  
operationally functional, which allows the system to be differentiated from the  
environment, with the aim of identifying, also, the properties that make it unique  
in the unit (autonomous, regenerative and referential). Likewise, the systemic  
paradigm can be used to understand any reality, in order to verify and reveal it in  
the complexity in which we are immersed.  
Keywords: Systems theory, complexity, methodological paradigm, environment.  
Introducción  
El siguiente escrito que se ha inspirado en el paradigma sistemático,  
se desglosan grosso modo cada una de las posturas que han ido estructurando  
el pensamiento sistemático a lo largo del tiempo. Se inicia con Ludwig Von  
Bertalanffy, posteriormente se continúa con Fritjof Capra, se profundiza  
multidisciplinariamente con los biólogos Humberto Maturana R. y Francisco  
Varela G., y se concluye integralmente con el jurista que elaboró una teoría  
sociológica para comprender el funcionamiento de la sociedad, pese a que esto no  
significa que ésta sea objeto de estudio, con esto nos referimos a Niklas Luhmann.  
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Desarrollo  
Ludwig von Bertalanffy  
En la posmodernidad el concepto de sistema ha invadido todos los campos  
de la ciencia, es decir, ha sufrido una explosión al diversificarse en todas las ramas  
del saber científico, pero al mismo tiempo ha sido testigo de su implosión, en otras  
palabras, de su especialización en las tan variadas áreas de estudio.  
La teoría de sistemas del biólogo Ludwig Von Bertalanffy, cambió por  
completo el paradigma mecanicista que imperaba en la ciencia desde el siglo  
XX para estudiar aquellos fenómenos vivos desde la totalidad, pero no desde  
sus elementos básicos constitutivos, sino desde aquello que permite su correcta  
funcionalidad, toda vez que el sistema vivo no es un sistema cerrado, sino todo lo  
contrario, es un sistema abierto.  
Bajo esa perspectiva, Bertalanffy menciona que:  
El proceso mecanicista consistía esencialmente en resolver el organismo  
vivoenpartesyprocesosparciales:elorganismoeraunagregadodecélulas,  
lacélulaloeradecoloidesymoléculasorgánicas,elcomportamientoerauna  
suma de reflejos condicionados y no condicionados, y así sucesivamente.  
Losproblemasdeorganizacióndeestaspartesalserviciodelmantenimiento  
del organismo, de la regulación consecutiva a perturbaciones, se evitaban;  
o bien, de acuerdo con la teoría llamada vitalista, se tenían por explicables  
sólo merced a la acción de factores animoides –duendecillos, dan ganas de  
decir- que acechaban en la célula o el organismo; lo cual evidentemente  
era, ni más ni menos, una declaración en quiebra de la ciencia […] La  
teoría general de los sistemas en el sentido más estricto, que procura  
derivar, partiendo de una definición general de «sistema» como complejo  
de componentes interactuantes, conceptos característicos de totalidades  
organizadas, tales como interacción, suma, mecanización, centralización,  
competencia, finalidad, etc., y aplicarlos entonces a fenómenos concretos  
(Bertalanffy, 2018: 92-94).  
No obstante, la física todavía estaba limitada, ya que su campo de estudio  
eran los sistemas cerrados. Las entidades que trata la física - átomos, partículas  
elementales, etc. - han resultado ser mucho más ambiguas de lo que se supuso: no  
son metafísicas piedras de construcción del universo sino modelos conceptuales  
harto complicados, inventados para dar razón de determinados fenómenos de la  
observación (Bertalanffy, 2018: 95).  
En consecuencia, la física ordinaria se veía un tanto restringida por sus  
propios modelos de aplicación, pues la termodinámica enunciaba que su aplicación  
se inclinaba hacia los sistemas cerrados, porque consideró que el sistema estaba  
alejado de su entorno y, por lo tanto, no existía una relación recursiva entre ellos.  
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Entre los principios de la termodinámica clásica se pueden resaltar al  
menos las siguientes dos hipótesis:  
I.  
La ley de la conservación de la energía dice que: En un sistema  
cerrado la cantidad total de energía permanece constante (Sánchez  
Sandoval A., 2016: 67).  
II.  
La ley de la disipación de energía que indica: En un sistema cerrado  
donde se ha realizado trabajo, siempre hay pérdida de la cantidad  
de energía útil (Entropía) (Sánchez Sandoval A., 2016: 67).  
En tanto, la limitante perspectiva newtoniana fue superada en el siglo XIX  
por Ludwig Von Bertalanffy, al sostener que los organismos son sistemas abiertos  
y no pueden regirse bajo los principios de la termodinámica clásica, pero sí por lo  
que él denominó la termodinámica irreversible (Bertalanffy, 2018: 147).  
La naturaleza de los sistemas abiertos, es que son dinámicos con el exterior,  
y no cerrados a él y, por lo tanto, tampoco existe la posibilidad de llegar a un  
estado homeostático, debido a que varios elementos entran y salen de manera  
fluyente. Los sistemas abiertos no están en equilibrio, sino en una constante  
autorregulación a partir de sus estructuras internas que permiten su existencia.  
Por ello, Bertalanffy considera que tanto la organización de lo vivo al igual que  
el sistema social no pueden entenderse sin tomar en cuenta la existencia de la  
intencionalidad, adaptabilidad y el objetivo de sus metas (Sánchez Sandoval A.,  
2016: 23).  
La equifinalidad: La tendencia a un estado final característico a partir  
de diferentes estados iniciales y por diferentes caminos, fundada en  
interacción dinámica en un sistema abierto que alcanza un estado uniforme  
La retroalimentación: El mantenimiento homeostático de un estado  
característico o la búsqueda de una meta, basada en cadenas causales  
circulares y en mecanismos que devuelven información acerca de  
desviaciones con respecto al estado por mantener o la meta por alcanzar  
El modelo de adaptabilidad: De Ashby es, a grandes rasgos, el de  
funciones escalonadas que definen un sistema, funciones, pues, que, al  
atravesar cierto valor crítico, saltan a una nueva familia de ecuaciones  
diferenciales. Esto significa que, habiendo pasado un estado crítico, el  
sistema emprende un nuevo modo de comportamiento. Así, por medio de  
funciones escalonadas, el sistema exhibe un comportamiento adaptativo  
según lo que el biólogo llamaría ensayo y error: Prueba diferentes caminos  
y medios, y a fin de cuentas se asienta en un terreno donde ya no entre  
en conflicto con valores críticos del medio circundante. Ashby incluso  
construyó una máquina electromagnética, el homeóstato, que representa  
un sistema así, que se adapta por ensayo y error (Bertalanffy, 2018: 46).  
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Así mismo, las metas por alcanzar con la teoría general de los sistemas son  
las siguientes:  
Hay una tendencia general hacia la integración en las varias ciencias,  
naturales y sociales  
Tal integración parece girar en torno a una teoría general de los sistemas  
Tal teoría pudiera ser un recurso importante para buscar una teoría  
exacta en los campos no físicos de la ciencia  
Al elaborar principios unificadores que corren «verticalmente» por el  
universo de las ciencias, esta teoría nos acerca a la meta de la unidad  
de la ciencia  
Esto puede conducir a una integración, que hace mucha falta, en la  
instrucción científica (Bertalanffy, 2018: 38)  
La teoría general de los sistemas de Ludwig Von Bertalanffy busca  
relacionar los diferentes elementos sistémicos que se unifican a partir de la  
cibernética, para efecto de explicar la complejidad de los fenómenos que se  
suscitan no sólo a niveles de organización biológica y física, sino también a  
campos de estudio que se supeditan a lo social.  
Fritjof Capra  
El organismo como sistema vivo está conformado por sus diversos  
elementos componentes que lo presentan como un todo, sin embargo, al dividirse  
el sistema ya no existe, porque éste se desintegra en sus partes constitutivas.  
Fritjof Capra refiere al respecto que:  
Los sistemas vivos son totalidades integradas cuyas propiedades no pueden  
ser reducidas a las de sus partes más pequeñas. Sus propiedades esenciales o  
«sistémicas» son propiedades del conjunto, que ninguna de las partes tiene  
por sí sola. Emergen de las relaciones «organizadas» entre las partes, es  
decir, de la configuración de relaciones ordenadas que caracterizan aquella  
clase específica de organismos o sistemas. Las propiedades sistémicas  
quedan destruidas cuando el sistema se disecciona en elementos aislados  
(Capra, 1996: 56).  
Esta concepción sistémica nació en la primera mitad del siglo XX y fue  
liderada por biólogos, quienes concibieron a los organismos vivos como totalidades  
integradas, teniendo su impacto en la psicología Gestalt, la ecología y hasta en  
la física cuántica (Capra, 1996: 37). Lo que significa que la nueva perspectiva  
sobre los sistemas vivos de Fritjof Capra, se inclinó hacia la naturaleza de la vida  
en forma de redes funcionales y no como un todo unificado y regulado por sus  
estructuras internas.  
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Los organismos vivos son redes funcionales que establecen una continua  
interacción con otros sistemas, dado que no existe un «arriba» o un «abajo» ni  
tampoco jerarquías, sólo existen redes dentro de redes (Capra, 1996: 55). Por ello,  
que la comprensión de los distintos grados de complejidad de las redes funcionales  
deba ser contextualizados, es decir, estudiadas como emergentes en su totalidad y  
no como conjuntos que devienen de elementos de orden inferior.  
La ciencia sistémica demuestra que los sistemas vivos no pueden ser  
comprendidos desde el análisis. Las propiedades no son propiedades intrínsecas  
y sólo pueden entenderse desde el contexto del todo mayor. Por lo tanto, el  
pensamientosistémicoesunpensamiento«contextual», ypuestoquelaexplicación  
en términos de contexto significa la explicación en términos de entorno, podemos  
también afirmar que el pensamiento sistémico es un pensamiento medioambiental  
(Capra, 1996: 57).  
La concepción respecto del mundo que conocemos, no es otra cosa que  
sistemas dentro de sistemas que han invadido las diferentes formas de ver la vida,  
incluso, delconocimientocientífico. Estosignificaquetodoaquelloqueconocemos  
o denominamos como objeto de estudio, no es en sí el objeto de estudio desde su  
naturaleza genuina, sino la manera de ver al objeto desde un enfoque sistémico  
que yace en el mundo biológico - individual de cada ser humano.  
La naturaleza es percibida como una red interconectada de relaciones,  
en la que la identificación de patrones específicos como «objetos» depende del  
observador humano y del proceso de conocimiento. Esta red de relaciones es  
descrita en términos de su correspondiente red de conceptos y modelos, ninguno  
de los cuales es más fundamental que otro (Capra, 1996: 60).  
Entonces, lo que se conoce o se espera conocer son sólo procesos de  
interconexiones para comprender los fenómenos de la naturaleza. En consecuencia,  
el pensamiento sistémico, según Fritjof Capra, es sólo una posibilidad de conocer  
el universo físico.  
Humberto Maturana R. y Francisco Varela G.  
Para estos autores, la comprensión de lo vivo no puede darse desde  
un proceso asincrónico - esto quiere decir carente de historia - sino a partir  
de la historicidad sistémica estructural, dicho en otras palabras, a través de  
la complejidad de sistemas dentro de más sistemas que tienen por finalidad el  
mantenimiento de su existencia.  
En ese orden de ideas, Humberto Maturana y Francisco Varela refieren lo  
siguiente:  
La historia del cambio estructural de un ser vivo particular es su ontogenia.  
Enestahistoria,todoservivoparteconunaestructurainicial,quecondiciona  
el curso de sus interacciones y acota los cambios estructurales que éstas  
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gatillan en él. Al mismo tiempo, nace en un lugar particular, en un medio  
que constituye el entorno en que se realiza, y en el cual interactúa, y que  
nosotros también vemos como dotado de una dinámica estructural propia,  
operacionalmente distinta del ser vivo (Maturana, 2003: 64).  
En tanto, los seres vivos son también seres históricos, no obstante, su  
organización está condicionada por los aspectos físicos y mentales que pueden  
manipular su funcionamiento como unidades sistémicas, toda vez, que, el sistema  
es abierto, y éste tiende a su objetivo sobre la base de diferentes elementos iniciales  
distintos a los de su naturaleza para no desaparecer.  
Por ello, Humberto Maturana y Francisco Varela establecen los siguientes  
dominios:  
A. Dominio de cambios de estado: Esto es, todos aquellos cambios  
estructurales que una unidad puede sufrir sin que su organización  
cambie, es decir manteniendo su identidad de clase  
B. Dominio de cambios destructivos: Todos aquellos cambios  
estructurales que resultan en que la unidad pierde su organización  
y, por lo tanto, desaparece como unidad de cierta clase  
C. Dominio de perturbaciones: Es decir, todas aquellas interacciones  
que gatillen cambios de estado  
D. Dominio  
de  
interacciones  
destructivas:  
Todas  
aquellas  
perturbaciones que resulten en un cambio destructivo (Maturana,  
2003: 65).  
Elsistemaes,entonces,uninteractivoselectivoentresuspartesconstitutivas  
que difícilmente puede entenderse desde la minimización de sus unidades, ya que  
el sistema - como conjunto de relaciones con identidad de determinada clase - es  
un acoplamiento de múltiples estructuras que permiten hacer frente a los diversos  
cambios de estado que éste experimenta, tanto en su interioridad como en su  
exterioridad, este último se refiere al interactivo recursivo con el entorno, cuyo  
objetivo es mantener el proceso homeostático; es decir, su equilibrio.  
Desplazando lo anterior en el campo de lo social, el acoplamiento  
estructural se refiere al establecimiento de las relaciones sociales por medio de la  
comunicación, la cual nace a través de las coordinaciones de las coordinaciones  
de comportamiento, esto quiere decir que la comunicación no nace en el mundo  
biológico - individual de los seres humanos, sino en las interacciones de índole  
social.  
La comunicación es dual, por un lado, nos permite generar ideas y contextos  
de significado - nociones respecto de objetos - y por el otro, coadyuva a la creación  
y reproducción de las normas de comportamiento - lo que significa en el campo de  
las ciencias sociales, estructuras sociales - (Sánchez Sandoval A., 2016: 90). Por  
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ello, lo peculiar de la comunicación, entonces, no es que resulte de un mecanismo  
distinto del resto de las conductas, sino que sólo se da en el dominio que resulte de  
un mecanismo de acoplamiento estructural (Maturana, 2003: 129).  
Bajo esa premisa ideológica, Gregory Bateson menciona al respecto:  
De ahora en adelante nos comunicamos con una persona cuyas relaciones  
con otros son diferentes de lo que eran un instante antes. Y ahora es preciso  
que hablemos a partir del marco de esa nueva relación (Bateson, 2017:  
135).  
Como resultado de las interacciones sociales, la comunicación ya no es la  
misma desde su origen, porque cada individuo establece sistemas de reglas para  
un acoplamiento estructural del mensaje y, éste a su vez, exista y sea sucesivo. Lo  
que quiere decir, que el mensaje que llega a un elemento A no es el mismo que  
llega a un elemento B, y así continuamente.  
En relación a lo referido, para que el sistema social sea funcional debe  
haber dicotomías sistémicas, esto quiere decir que debe coexistir un elemento que  
condiciona su funcionamiento y, al mismo tiempo, esta distorsión entrópica debe  
ser la predominante dentro del mismo.  
Gregory Bateson expone:  
Para efectuar esta corrección, sólo son necesarios ciertos medios que  
permiten al emisor y al receptor comunicarse a propósito de las reglas  
de comunicación […] De nuevo es necesario insistir en el carácter  
inconsciente de casi toda comunicación. Ignoramos casi todo de los  
procesos por los que nos fabricamos nuestros mensajes y los procesos por  
los que comprendemos los mensajes de los demás y respondemos a ellos.  
De ordinario, ya no tenemos conciencia de muchas de las características  
y componentes de los mismos mensajes. No observamos en qué momento  
nos llevamos el cigarrillo a los labios, cerramos los ojos o alzamos las  
cejas. Pero el hecho de que no prestemos atención a esos detalles de la  
interacción no implica que carezcan de consecuencias en el curso de la  
relación. En lo esencial somos inconscientes sobre la forma en que deben  
comprenderse los mensajes; de la misma manera somos inconscientes del  
diálogo continuo relativo a esas convenciones (Bateson, 2017: 137-139).  
Por ello, la comunicación no puede ser entendida desde sí misma,  
sino por medio de las distinciones que nacen como impulsos bioquímicos y  
electromagnéticos en el mundo biológico - individual de los individuos. Lo  
anterior, significa que aquello que nos permite discernir no es otra cosa que nuestra  
conciencia, que, conjuntamente con el lenguaje y la información difundida en el  
universo, coadyuvan al asentamiento comunicacional y este sea funcional.  
En ese orden de ideas, Sánchez Sandoval citando a Bradford Keeney  
refiere lo siguiente:  
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El observador primero distingue y luego describe. Por ello al proponer una  
distinción, construye de antemano su propia respuesta. Lo que la ciencia  
empírica llama “datos”, honestamente debe ser llamado “captos”, ya que  
un dato es lo que es dado y un capto es lo captado (Sánchez, 2007: 2).  
La comunicación al interior de los sistemas sociales es, entonces, aquella  
conciencia de realidad (Sánchez Sandoval A., 2012: 3-23) -tantas como número  
de personas que existan en ella- que deviene de una perspectiva única y se esparce  
en el entorno social de manera lógica y coherente.  
Francisco Varela expone al respecto que:  
Necesitamos hacer una trampa sutil, aunque convincente: hagamos  
hincapié en la coherencia del sistema, en lugar de adoptar la perspectiva  
de un supuesto diseño. En otras palabras, veamos el sistema como un  
sistema perceptivo autónomo: una colección de estructuras activas que se  
autocorrigen, capaces de informar (o determinar) su entorno circundante  
en un mundo, a través de una historia de su acoplamiento estructural con  
él (Lovelock, 2009: 51).  
En ese sentido, el sistema social está impregnado de ideologías para que  
exista el correcto funcionamiento del mismo, sin embargo, éste no se construye en  
el mundo de lo concreto -es decir aquel que está ahí independiente a la percepción  
humana que se tenga de él- sino en el mundo del lenguaje y las palabras, esto es, a  
través de un sistema comunicacional que se eleva a rango de realidades objetivas.  
La existencia del sistema social radica en la interacción de sus partes  
constitutivas que lo caracterizan como unidad viviente, no obstante, un sistema es  
tal porque es un sistema autopoiético, y es una unidad en el espacio físico porque  
es definido como unidad en el espacio por medio y a través de su autopoiesis. Por  
consiguiente, toda transformación que un sistema vivo experimente conservando  
su identidad, debe tener lugar de una manera determinada por su autopoiesis  
definitoria y subordinarse a ella; luego, en un sistema viviente la pérdida de su  
autopoiesis es su desintegración como unidad y la pérdida de su identidad, vale  
decir, muerte (Maturana, 2003: 106).  
Niklas Luhmann  
La teoría de sistemas del alemán Niklas Luhmann, no sólo se ha  
caracterizado por ser una teoría sumamente compleja por los múltiples objetos  
de estudio de la cual esta compuesta –lo moral, ecológico, comunicacional, social  
y posteriormente jurídico- sino también, porque con ella se buscó describir a los  
sistemas como reproductores de vida y conciencia.  
Luhmann consideró que la sociedad es un sistema que estaba constituido  
por infinidad de comunicaciones albergadas en su interior, mas no por los  
postulados parsonianos, que enunciaban que detrás de cada comunicación social  
se encontraba un actor.  
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Niklas Luhmann dice que:  
Este funcionalismo estructural incluía, además, una limitación seria: no se  
podía preguntar por la función de la estructura misma, y no tenía sentido  
tratardeirmásalfondoconlatécnicadeladescomposiciónparadescubrirlas  
condiciones de posibilidad en términos como mantenimiento, condiciones  
del mantenimiento, variables y todo el aparato teórico que lo acompañaba.  
La disposición, prácticamente axiomática, de que toda orientación de los  
análisis concretos debería estar dirigida por estructuras supuestamente  
invariantes, imponía serias limitaciones teóricas de principio. Quedaba  
claro, además, que este desarrollo teórico tenía dificultades para integrar  
fenómenos que se describen, en general, con el concepto de desviación:  
disfunciones, criminalidad, conductas desviadas (Luhmann, 2014: 33-24).  
En relación a lo anterior, el sistema no puede ser entendido desde  
concepciones unificadoras, sino como la multiplicidad de redes que están dentro  
de otras redes, con el único objetivo de que exista una adecuada circularidad entre  
ellos, toda vez que cada sistema no puede regenerarse a sí mismo.  
El sistema puede concebirse, de acuerdo a Luhmann, como una diferencia  
en el entorno. La teoría de sistemas en la sociología toma como punto de partida  
un principio de diferenciación: el sistema no es simplemente una unidad, sino  
una diferencia. La dificultad de esta posición teórica estriba en poder imaginar la  
unidad de dicha referencia. Para poder ubicarlo un sistema (unidad) necesita ser  
distinguido. Por tanto, se trata de una paradoja: el sistema logra producir su propia  
unidad en la medida en que lleva a efecto una diferencia (Luhmann, 2014: 99).  
Entonces, el entorno no está separado del sistema, pues el primero permite  
la existencia del segundo, a pesar de no mantener un contacto directo entre ellos,  
porque el sistema es operativamente cerrado.  
Para ello, Niklas Luhmann distingue al menos tres tipos de sistemas: El  
vivo, el psíquico y el social. Este último se convirtió en el sistema más importante,  
pues las comunicaciones son la materia prima para la reproducción y funcionalidad  
de la sociedad.  
La teoría de sistemas y la teoría de la comunicación, en el caso de los  
sistemas sociales, conforman un entramado muy compacto: la primera  
aporta la especificación de que un sistema se debe reproducir por medio  
de un tipo de operación (¡y sólo uno!); y la segunda trata precisamente de  
las características de este tipo de operación. La comunicación tiene todas  
las propiedades necesarias para constituirse en el principio de autopoiesis  
de los sistemas sociales: es una operación genuinamente social (y la única  
genuinamente tal). Es una operación social porque presupone el concurso  
de un gran número de sistemas de conciencia, pero precisamente, por eso,  
como unidad, no puede ser imputada ninguna conciencia sola (Luhmann,  
2014: 301-302).  
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Elsistemasocial,comosistemaautopoietico,estáconstituidoprimeramente  
por interacciones del entramado social y, en un segundo plano, por organizaciones.  
En tanto, todo lo alusivo al ámbito social pertenece al sistema social, pese a que  
esto no signifique la totalidad del sistema social, porque las comunicaciones no  
son exactamente verbales, sino también son pautas de diferenciaciones simbólicas,  
informativas, descriptivas, emocionales, visuales, auditivas o gustativas.  
La comunicación, por mínima que sea, es expansiva e invade todo el  
sistema social, lo que significa que también se ven afectados los demás subsistemas  
político, económico, religioso, familiar, educativo, mediático, científico y el más  
importante en esta investigación, el jurídico.  
A grandes rasgos, la teoría de sistemas de Niklas Luhmann no sólo se  
enfoca a un sistema -red-, sino a la amplia red de sistemas dentro de sistemas que  
fungen como instrumentos auxiliares para la comprensión de la complejidad del  
mundo en el que diariamente interactuamos.  
Consideraciones finales  
Como se ha demostrado, en el paradigma metodológico sistemático existen,  
incluso, algunas diferencias respecto de cómo concebir el sistema, pero esto  
está estrechamente relacionado con cada autor. Sin embargo, la compatibilidad  
entre los diversos autores es, primero, que el sistema es un todo integrado de  
comunicaciones operativamente funcionales que interactúan entre sí, y otorgan la  
posibilidad de existencia del sistema y, segundo, conforme a los postulados de la  
física, el sistema no es un sistema cerrado, sino por el contrario es abierto. Dicha  
aseveración tiene como sustento las leyes de la termodinámica, específicamente  
la primera y la segunda.  
En ese orden de ideas, la concepción del paradigma sistemático es  
indeterminado; esto es, que nada es absoluto y, en consecuencia, todo es relativo  
en la medida que, depende directamente del observador para que se efectúe el  
análisis de su objeto de estudio, aunque esto no significa que el objeto de estudio  
y el observador sean independientes, toda vez que se encuentran interactuando  
recursivamente, en cuanto el objeto está en el sujeto y viceversa.  
Finalmente, la teoría de sistemas, desde sus múltiples interpretaciones, no  
se supedita a la exclusividad de lo biológico como con las neurociencia, sino que  
también tiene su aplicabilidad en otros campos de la ciencia como son la sociología,  
el derecho, las relaciones internacionales, la ciencia política y la administración  
públicas, campos científicos que nos permiten estudiar el comportamiento de  
la sociedad y de cada uno de los miembros que la constituyen, a efecto de dar  
posibles alternativas de solución a los problemas sociales que se suscitan en las  
diferentes jurisdicciones que integran el globo.  
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miradas  
206  
Vol 18. Núm 1. Enero - Junio 2023