Diego Carmona Gallego
de una ética y un paradigma socio-ecológico del cuidado, como se profundizará
posteriormente.
Aunque el ideal de individuo independiente, desprovisto de afectos y
relaciones que no le sean tributarias en términos utilitaristas, ilusoriamente
escindido de la naturaleza y separado incluso de su propio cuerpo, es característico
de la modernidad desde sus inicios, se hiperboliza en función de una búsqueda de
productividad, consumo, rendimiento y éxito en el marco de la contemporaneidad.
En las sociedades occidentales modernas, la condición ciudadana sigue
vinculada a
una noción de individuo independiente, autosuficiente, ligado a la
posesión de
propiedades y otros recursos materiales. Sin embargo, esta idea de
ciudadanía olvida
que todos los seres humanos somos interdependientes
(Martín-Palomo, 2010, p. 57).
De acuerdo con Fernández Savater (2018), la organización económica
actualno solo reprimeo disciplina, sino que intensificalasenergíasmovilizándolas,
agitándolas, estimulándolas. El capitalismo industrial se caracterizó por el homo
economicus disciplinado, ahorrativo y calculador. Se basó, como demostró Weber
(2011), en la ética protestante como espíritu. En cambio, el actual capitalismo
promueve la figura subjetiva del “lobo de Wall Street”. Hay un viraje “de la
represión de la vida (encauzada, encarrilada, encorsetada) a la movilización de la
vida (sobrecargada, sobreexcitada, sobreestimulada)” (Fernández Savater, 2018,
s/n).
Tal como refiereAlemán (2016), se trata de la subjetividad del “empresario
de sí mismo”, que vive permanentemente en relación con el exceso, el rendimiento
y la competencia ilimitada. A diferencia de los “cuidados de sí” clásicos, que
apuntaban a protegerse de los excesos (Foucault, 2003), se busca un control sobre
las emociones y sobre los otros con el fin de ser más competitivo en el mercado.
En este marco, los vínculos son reducidos a “contactos”, que pueden maximizar
los propios beneficios medidos en términos mercantiles, o bien son configurados
como un obstáculo para los logros personales, una mera restricción. En otros
términos, en la textura social actual, los vínculos son percibidos en función de
criterios de utilidad (Benasayag y Schmit, 2010) que tensionan con una ética del
cuidado como veremos posteriormente. La vincularidad como meta de felicidad
y proyecto histórico se desvanece debilitándose las tecnologías de sociabilidad y
acentuándose la pedagogía de la crueldad (Segato, 2018).
Para el sociólogo Lasch (1999), las condiciones sociales contemporáneas
dificultan las relaciones interpersonales. Si las personas se repliegan en su vida
personal a causa de los problemas que experimentan en la sociedad, es entonces
pertinente discutir las condiciones sociales que generan dichos problemas. Se
propone así religar lo experimentado como estrictamente individual con lo social,
en un contexto de competencia generalizada que torna belicosas a las relaciones
personales. Para Lasch (1999), existe una cultura narcisista caracterizada por el
ISSN digital Nº 2539-3812
miradas
222
Vol 18. Núm 1. Enero - Junio 2023