Enrique Bautista Rojas
Con los puntos anteriores es posible identificar un posicionamiento
ambivalente frente a la diversidad sexual, pues mientras que existen rasgos de una
mayor apertura, también hay muestras de homofobia sutil (Piña y Aguayo, 2015;
Valle, 2017; Manzo et al., 2013) o rechazo silencioso (Velázquez, 2017) –éstas
tienen presencia sustancial cualitativa y cuantitativamente–. Esto se promueve
mediante bromas, chistes y juegos que circulan –y se fomentan como pasatiempo–,
a la vez que se protegen entre pares (Velázquez y Figueroa, 2017; De Valdemar,
2016; Montes de Oca et al., 2013). Simultáneamente, esto es útil para reafirmar
la heterosexualidad y la masculinidad tradicional (Maldonado - Ramírez, 2015).
Vinculado con lo anterior, algunos autores describieron posiciones que
justifican la homofobia y los discursos de odio amparados bajo el derecho a la
libre expresión (Romero, 2017). Estos partidarios niegan los actos de homofobia
en las escuelas y declaran que no hay abusos por parte de estudiantes, docentes y
autoridades (Hernández, 2015; Velázquez, 2017). Ello confirma la normalización
y naturalización de estas agresiones, las cuales llegan a verse como interacciones
cotidianas en los centros educativos. En consonancia con esto, se culpa a las
víctimas por la importancia que le den a las agresiones e insultos (Reyes, 2011)
y se les acusa de exagerar los efectos (Romero, 2017). Los datos evidencian que
estos ataques se dan sobre todo cuando se rompen los estereotipos de género y
frente a las expresiones afectivas (Mares, 2018; S. Rodríguez, 2018). Aunado a
ello, se reconoce que las agresiones provienen también de docentes, directivos e,
incluso, padres de familia (Preciado, 2013; Cruz, 2013a y 2013b).
Algunos informantes presentaron puntos de vista intermedios en el tema
(Elizarraras, 2013), pero con reservas o excepciones (Rodríguez y Facal, 2019)
como que sean discretos o que se mantengan al margen –sin molestar a otros, ni
exhibirse– (Velázquez, 2017). También se descubrió una perspectiva “lastimera”
o piadosa hacia estos sujetos, lo que sugiere que no se reconoce su humanidad
sino más bien como “objeto” de pena (Piña y Aguayo, 2015; Romero, 2017; Cruz,
2013a y 2013b). En una línea similar, se halló una posición de resignación ante
la diversidad sexual, bajo la lógica de que es algo que debe reconocerse –aunque
no necesariamente respetarse– porque es inevitable o no se puede evadir (Reyes,
2011).
Numerosos estudios reportaron mayor tolerancia y aceptación de la
homosexualidad y los varones gays por parte de las mujeres, mientras que los
varones tienen concepciones negativas (Chávez et al., 2018; Barragán, 2011;
Hernández, 2015; Rodríguez y Facal, 2019; Valle, 2017; Velázquez, 2017;
Velázquez y Figueroa, 2017; De Valdemar, 2016; García, 2012; Valdez-Montero
et al., 2018). En algunos casos, esto se invirtió cuando se exploró la actitud de las
estudiantes frente a las mujeres lesbianas, donde la mayor aceptación fue por parte
ISSN digital Nº 2539-3812
miradas
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Vol 18. Núm 1. Enero - Junio 2023