Vida simbólica, cultura,  
lenguaje y discursos en  
las organizaciones  
Symbolic life, culture, language and  
discourses in organizations  
Recibido: 8 de enero de 2024  
Aceptado: 15 de mayo de 2024  
pp. 215-224  
Como citar este artículo APA7:  
Vázquez, E. (2024). Vida simbólica, cultura, lenguaje y discursos en las  
organizaciones. Revista Miradas, 19(1), 215-224.  
Eduardo Daniel Vázquez Pérez*  
** Doctorando del Posgrado en Intervención en las Organizaciones de la Universidad Autónoma  
Metropolitana (UAM), Unidad Azcapotzalco, Ciudad de México; Investigador certificado por el  
Vicerrectorado de Política Científica, Investigación y Doctorado de la Universidad Complutense de  
Madrid, España (UCM); Investigador certificado por la Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de la  
Universidad Carlos III de Madrid, España (UC3M); Autor de diversos artículos en revistas indixadas en  
Colombia, México y Perú. Maestro en Derecho con Mención Honorífica por la Universidad Nacional  
Autónoma de México (UNAM).  
Vida simbólica, cultura, lenguaje y discursos en las organizaciones  
216  
Resumen  
Abstract  
En el presente escrito se aborda el  
This paper addresses the issue of symbolic  
life, culture, language and discourse  
within organizations. However, it is  
appropriate to point out that the analysis  
that is developed does not revolve around  
the purely positive paradigm, but is of a  
critical nature with which organizations  
can be analyzed from the complexity  
in which they are immersed. Symbolic  
and cultural life, language and discourse  
play a crucial role in organizations, since  
it is these subjective aspects that allow  
organizations to be functional, to achieve  
their objectives and, at the same time, to  
be able to maintain themselves in society.  
tema  
de  
vida  
simbólica,  
cultura,  
lenguaje y discursos en el interior de las  
organizaciones. No obstante, es oportuno  
señalar que el análisis que se desarrolla  
no gira en torno al paradigma puramente  
positivo, sino que es de carácter crítico  
con el cual se puede analizar a las  
organizaciones desde la complejidad  
en la que se encuentran inmersas. La  
vida simbólica, cultural, el lenguaje y  
los discursos juegan un papel crucial  
en las organizaciones, dado que son  
estos aspectos de corte subjetivo los que  
permiten que las organizaciones puedan  
ser funcionales, lleguen a concretar  
sus objetivos, y, al mismo tiempo, sean  
capaces de mantenerse en la sociedad.  
Palabras  
clave:  
Realidad  
social,  
Keywords: Social reality, organizations,  
organizaciones,  
discursos.  
complejidad,  
cultura,  
complexity, culture, discourses.  
Introducción  
En este escrito se analizarán los sistemas simbólicos y del lenguaje, así como los discursos  
subjetivos instaurados en el interior de las organizaciones por parte de los sujetos sociales,  
con el propósito de administrar comportamientos sociales para el cumplimiento de fines de-  
terminados por las instituciones. Es por ello, que para el análisis en comento se toma en consi-  
deración las propuestas teórico-metodológicas de los siguientes autores: John ompson con  
su obra titulada Ideología y cultura moderna. Teoría crítica social en la era de la comunicación  
de masas (1998), México, UAM-X, específicamente el capítulo III relativo al tema El concepto  
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de cultura; posteriormente, se enuncia el escrito de Luis Montaño Hirose (2003) que lleva  
por nombre Modernidad y cultura en los Estudios Organizacionales. Tres modelos analíticos,  
publicado en número 55 de la Revista Iztapalapa de la Universidad Autónoma Metropolita-  
na-Iztapalapa, México; y finalmente se analiza la obra de Teun van Dijk (2000) intitulada El  
discurso como interacción. Estudios sobre el discurso II. Una introducción multidisciplinaria,  
en sus capítulos I. El discurso como interacción en la sociedad; IV. Diálogo institucional; V. El  
género en el discurso y VII, El discurso en las organizaciones.  
Desarrollo  
En el estudio de las relaciones, hechos y fenómenos sociales, el factor predominante para el  
entendimiento de dichas variables radica completamente de un espacio-tiempo determinado  
(contexto). Sin embargo, sobre con base en lo referido, se alude que el paradigma con respecto  
de las organizaciones también se ha configurado en atención con las demandas de la moder-  
nidad; es decir, el progreso cuyo máximo presentante fue el filósofo francés Augusto Comte  
(1798-1857).  
El denominado progreso ha hecho posible que los discursos derivados del conoci-  
miento científico (catalogados de objetivos, aunque no lo son porque son concepciones ideo-  
lógicas, no más) sean susceptibles de promover cambios completamente significativos en el  
interior de la sociedad y, por ende, en los entes sociales que constituyen a las organizaciones  
(ya sea con sus ideas, formas de pensar, sus creencias, y formas de interrelacionarse social-  
mente entre sí).  
No obstante, es menester indicar que la subjetividad en las organizaciones propicia  
que surjan nuevas formas organizativas (o también llamadas en el ámbito de las ciencias so-  
ciales como estructuras sociales), mismas que son el resultado de las múltiples interconexiones  
que tienen las organizaciones con respecto del entorno, en tanto que ninguno de los dos es  
independiente porque son agentes activamente participantes en la recursividad.  
Además, los cambios en las organizaciones están completamente vinculados con la  
modernidad que se esté atravesando (realidad social) en determinado contexto, y eso ha pro-  
movido que las estructuras organizacionales (entre ellas las burocráticas), estén interferidas,  
también, por el sistema económico predominante, las cuales se rigen bajo la excesiva regula-  
ción que promueve la norma.  
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En ese orden de ideas, Luis Montaño Hirose (2003) refiere lo siguiente:  
[…] el sistema burocrático se encuentra el excesivo apego a la norma, que ocasiona  
un comportamiento extremadamente rígido, un formalismo desmedido, un gran con-  
formismo y una tendencia hacia el desempeño mínimo, lo cual genera importantes  
resistencias al cambio (Montaño, 2003, p. 23).  
En relación con lo anterior, se indica que en las organizaciones burocráticas la norma  
es una dualidad; primero, porque otorga significados y una enorme carga simbólica y signifi-  
cativa al contexto en que se desarrollan las relaciones sociales (en las organizaciones) y, segun-  
do, marca pautas de comportamiento en el interior de las organizaciones con el propósito de  
cumplir las metas fijadas por sus agentes operativos.  
Dicho con otras palabras, la norma administra los comportamientos en las organiza-  
ciones para que se pueda llevar a cabo el correcto funcionamiento de sus estructuras buro-  
cráticas, pero la norma no es otra cosa que una concepción ideológica creada por parte del  
ejercicio del poder, cuyo propósito estriba en que las estructuras organizacionales se encuen-  
tren alineadas a la parte discusiva emitida y decretada no solo por el ejercicio del poder orga-  
nizacional, sino también económico en el que hay una serie de principios de corte religioso  
por los que se rige el capitalismo.  
Asimismo, aunque no menos importante, la masificación de las relaciones sociales  
-cohesión social- genera la instauración de corporaciones postmodernas que se instituyen  
a partir de formas de organización tradicionales. En otras palabras, las organizaciones y bu-  
rocracias postmodernas no son ajenas a los procesos tradicionales de organización (como  
lo fue y continúa siendo la religión), aunque su regulación se transforma mediante la norma  
que puede estar o no presente, pero que permite generar nuevos significados y símbolos en el  
interior de las organizaciones.  
Luis Montaño (2003) haciendo de referencia de Émile Durkheim (1965), menciona lo  
siguiente:  
No obstante, si bien la sociedad compleja genera vínculos de solidaridad mediante la  
división del trabajo al acrecentar la densidad de las relaciones sociales entre los distin-  
tos actores, no posee la capacidad para generar representaciones sociales potentes que  
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permitan la elaboración colectiva de la norma social, y cae en el riesgo de la anomia  
(Montaño, 2003, p. 25).  
En tanto, las formas de organización tradicionales persisten en la modernidad; sin  
embargo, es ante el incremento de las relaciones sociales posmodernas y posburocráticas, au-  
nado a los avances del desarrollo tecnológico, que las configuraciones sociohistóricas e iden-  
titarias de las organizaciones se supeditan al progreso de los sistemas político y económico.  
El análisis sobre el fenómeno cultural en las organizaciones, a partir de sus estructu-  
ras-simbólicas (constitutivas), es sumergirse en la complejidad de la vida organizacional, en la  
medida que son los procesos sociohistóricos e identitarios los que definen el funcionamiento  
organizacional; a saber, que, las expresiones, los significados, las ideas, las ideologías y el len-  
guaje, actúan de manera conjunta para construir a estos entes organizativos.  
Las organizaciones, en tanto, son almacenes de significados masivos que pueden ser-  
virse de técnicas mediante las que se puede diseñar los aspectos organizacionales, en tanto  
que los significados moldean la arquitectura simbólica de forma constante y de acuerdo con  
el espacio-tiempo determinado donde evolucionan.  
Bajo esa perspectiva ideológica, John B. ompson (1998) alude que:  
Al considerar formas simbólicas en relación con los contextos sociales estructurados  
en los cuales se producen y reciben, la concepción estructural de la cultura proporcio-  
na una base sobre la cual podemos empezar a pensar en lo que implica el surgimiento  
y el desarrollo de la comunicación masiva. De determinadas maneras y en virtud de  
ciertos medios, la comunicación masiva trata de la producción y transmisión de for-  
mas simbólicas. (ompson, 1998, p. 185).  
Entonces, las estructuras-simbólicas son invenciones de carácter social que se trans-  
fieren de sujetos sociales para con más sujetos sociales, con el propósito de edificar median-  
te el lenguaje a las organizaciones. En consecuencia, el lenguaje como creador-aplicador de  
realidades es una tecnología racionalizada del poder del que pueden desprenderse un sinfín  
significados e interpretaciones para caracterizar determinada cultura organizacional.  
Esto es precisamente en lo que se enfoca el sociólogo John ompson (1998) cuando  
refiere que la cultura es un concepto polisémico; es decir, en el contexto en que se desarrolla  
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adquiere diversidad de significados y connotaciones simbólicas por parte de los agentes so-  
ciales, entre las que se pueden destacar la clásica, descriptiva, estructural y simbólica, mismas  
que serán explicadas someramente a continuación.  
I.  
Concepción clásica: Integra valores del ser humano, en donde cerebro-cuer-  
po-mente son uno mismo, pero unificado. Están relacionados, a la par, con los va-  
lores, costumbres y tradicionales de carácter subjetivo interpuestos en la sociedad.  
II.  
Concepción descriptiva: Es de carácter etnográfico y pretende dar a conocer, a par-  
tir de la descripción, cuáles son las costumbres, tradicionales y valores por los que  
la sociedad o las organizaciones pueden ser operativamente funcionales.  
III.  
Concepción estructural: Esta estrechamente relacionada con el espacio-tiempo de-  
terminado; esto quiere decir, que, las formas estructurales de concebir a las orga-  
nizaciones se supeditan a la complejidad de interpretaciones y significados que  
los entes sociales otorgan a las organizaciones y a las acciones que se desempeñan  
continuamente en su interior.  
IV.  
Concepción de la vida simbólica: Esta forma de concebir a las organizaciones de-  
pende totalmente de los objetos a los que se les brinda un significado valorativo.  
En consecuencia, los objetos son comunicaciones que se nombra con el sistema  
simbólico del lenguaje, pues es por estos, los objetos, que los sujetos sociales exis-  
ten.  
Las formas interpretativas sobre los símbolos en las culturas modernas se encuen-  
tran sometidas a las formas organizativas de los entes sociales, quienes en el ejercicio de sus  
completas facultades como entes comunicacionalmente interconectados hacen posible la  
construcción de las organizaciones; esto es, las organizaciones son construcciones sociales  
erigidas a partir de la complejidad cultural fabricada por los sujetos sociales. Como afirma  
ompson (1998) “La cultura comprende artefactos, bienes, procesos, ideas, hábitos y valores  
heredados. La cultura es una realidad sui generis y se debe estudiar como tal” (p. 193).  
Por tal razón, la construcción de las organizaciones como realidades artificiales (de  
historias particulares y, por lo tanto, eminentemente subjetivas) pero con enorme carga sig-  
nificativa y simbólica, son un intercambio recursivo de formas culturales, emociones y cargas  
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significativas (compatibles entre los sujetos sociales) que se elevan a rango verdad para esta-  
blecerse en ideologías, y sea por intermedio de ellas, que la funcionalidad de las organizacio-  
nes pueda concretarse con el fin existir, ya que “los seres humanos no sólo producen y reciben  
expresiones lingüísticas significativas, sino que también dan significado a construcciones no  
lingüísticas: acciones, obras de arte y objetos materiales de diversos tipos” (ompson, 1998,  
p. 195).  
Por su parte, desde la perspectiva de Van Dijk (2000), las ideologías son promotoras  
de interacciones sociales en contextos específicos; esto significa, que, las ideas replicadas en el  
entramado de lo social promueven acciones sociales que representan un significado particu-  
lar para la sociedad de acuerdo con su sistema de valores y creencias.  
Lo anterior, implica que las acciones, a partir de los significados que se les otorgan a  
los símbolos en la sociedad, puedan ser interpretadas por los sujetos sociales en atención al  
discurso subjetivo instaurado en la práctica social por el ejercicio del poder.  
De acuerdo con Van Dijk (2000), “El discurso usualmente muestra o señala estas ca-  
racterísticas: en relación con sus contextos, se dice que el habla y el texto son indicativos” (p.  
23).  
Asimismo, agrega que:  
[…] El estudio del discurso como acción no puede simplemente identificarse con el  
análisis de la conversación espontánea, y tampoco con el lenguaje oral: muchos géne-  
ros combinan el monólogo y el diálogo, partes escritas y habladas, y pueden ser más o  
menos espontáneos (p. 24).  
Por consiguiente, la invención del discurso en la vida social no solo permite construir  
realidades, sino también perseguir objetivos en las instituciones, lo que Drew y Sorjonen  
(2000) denominan diálogo institucional. En los contextos institucionales, el discurso transfor-  
ma las actuaciones sociales para el desempeño de actividades relacionadas con la organiza-  
ción, por lo que el discurso administra comportamientos sociales mediante los roles institu-  
cionalmente establecidos en su dinámica sistemática, a efectos de mantener tanto la identidad  
como el sentido comunicativo de la complejidad institucional.  
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Drew y Sorjonen (2000) refieren que:  
El análisis del diálogo institucional involucra la investigación del modo como la orien-  
tación de los participantes hacia sus roles e identidades institucionales y su participa-  
ción en los mismos se manifiesta en los detalles de su lenguaje, y en su utilización para  
perseguir las metas institucionales (p. 145).  
Los roles sociales e institucionales están enmarcados en ordenamientos normativos de  
la propia institución, pero se desempeñan como mecanismos de control social y ejercicio del  
poder para la manipulación y alienación de los sujetos sociales. Igualmente, los mecanismos  
normativos han diferenciado los roles sociales a desempeñar en el interior de las institucio-  
nes; a saber, que no son las mismas actividades que desempeñan los hombres y las mujeres,  
porque los primeros se relacionan estrechamente con los puestos de poder -ocupacionales-,  
mientras que las segundas se vinculan ideológicamente con su estado civil y la familia para  
que lleven a cabo sus respectivos cuidados para su perseverancia de esta institución -la fami-  
lia- en la sociedad.  
De acuerdo con West et al., (2000), los enfoques del género se relacionan con los as-  
pectos socioeconómicos porque:  
[…] Apuntan a la significación de las relaciones sociales y económicas en la construc-  
ción del discurso de la feminidad y el discurso de la masculinidad que prevalecerán  
en determinado momento histórico. Los análisis de contenido iluminan el amplio  
espectro de medios que presentan las mismas versiones idealizadas de feminidad y  
masculinidad, y muestran también cómo las categorías sexuales pueden incidir en las  
descripciones más mundanas de las actividades sociales (p. 190).  
Entretanto, el lenguaje al igual que el género son invenciones sociales; lo que significa,  
que, son complejidades discursivas que se supeditan a los agentes sociales y su respectiva con-  
cepción respecto de la realidad social, por lo que analizar y reflexionar el papel del discurso  
creado a partir del sistema simbólico del lenguaje, se convierte en materia imprescindible  
para identificar sobre cómo operan los sujetos sociales en la construcción de la cultura, los  
símbolos, los significados y las ideologías.  
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Como opinan Mumby y Clair (2000), la interpretación crítica del discurso mediante  
el análisis del encuadre tiene por fin examinar los significados de nivel profundo inmersos  
en el discurso para comprender cómo se crean y se mantienen esos significados, y cómo esos  
sistemas de significados perpetúan la opresión o fomentan la emancipación. Las relaciones de  
poder a menudo se preservan encuadrando el discurso de un modo que tiende a consolidar  
ciertos significados acerca de nuestra realidad social (p. 284).  
Conclusiones  
A modo de cierre, es evidente que las formas de organización son diversas y completamente  
cambiantes, dado que su funcionamiento se condiciona por un espacio-tiempo determinado,  
sin embargo, esto no significa que las formas de organización que preceden a las actuales  
sean independientes o ajenas entre sí, ya que en su interacción constante comparten aspectos  
culturales que las hacen ser similares, nunca iguales porque cada una posee su identidad y sus  
respectivas tradiciones.  
El sinfín de interpretaciones a los significados y contextos en que se desarrollan las or-  
ganizaciones, develan que dichos entes dinámicos son completamente subjetivos y mayores a  
la suma de sus partes, en la medida que las organizaciones se encuentran sumergidas en redes  
de más redes organizacionales que poseen su cultura e identidad particulares.  
Por ello, es menester indicar que las organizaciones no son otra cosa que construc-  
ciones de índole social (invenciones sociales) que se construyen a través del lenguaje y, dicha  
forma en que se percibe la realidad es multiplicada a través de las ideologías por medio de los  
sujetos sociales como dispositivos racionalizados por parte del poder.  
Finalmente, el papel que ha desempeñado el discurso en el interior de las organizacio-  
nes no solo radica en construir realidades artificiales, sino que ha servido, al mismo tiempo,  
para administrar y normalizar comportamientos sociales bajo los parámetros establecidos  
por concepciones de realidad de carácter subjetivo establecidas a través del sistema simbólico  
del lenguaje, lo que significa que el lenguaje otorga roles sociales para el cumplimiento de  
propósitos institucionales.  
DOI: https://doi.org/10.22517/25393812.25530  
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Referencias Bibliográficas  
Dijk, V. (2000). El discurso como interacción. Estudios sobre el discurso II. Una introducción  
multidisciplinaria. Gedisa.  
Montaño, L. (2003). Modernidad y cultura en los Estudios Organizacionales. Tres modelos  
analíticos. Iztapalapa, 55(2) 15-33.  
ompson, J. (1998). Ideología y cultura moderna. Teoría crítica social en la era de la comuni-  
cación de masas. UAM.  
Revista Miradas | ISSN-e 2539-3812  
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