Sofía Mercedes López Caminos, Cristian Gonzalo Sguario,
María Guillermina Sánchez y Federico Ariel Vives
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La mirada intrínseca sobre cómo debieran ser los procesos educativos ha evoluciona-
do conforme las prácticas académicas también lo han hecho. Si un estudiante decide formarse
en alguna carrera proyectual, lo hace desconociendo que existe una contraposición entre lo
que es un proceso de formación y uno de enseñanza-aprendizaje, donde formarse es adquirir
cierta forma (Ferry, 1997) y aprendizaje incluye observación del desempeño (Fuentealba et
al., 2017). Ambas miradas suponen una similitud con la dinámica de los Talleres de Arqui-
tectura, cuyo objetivo es desarrollar una cierta cantidad de actividades prácticas asemejadas
a la vida profesional del arquitecto. Entonces, a lo largo de su paso por el curso y con un se-
guimiento constante, se logran construir las primeras nociones de una ideología proyectual.
El proceso de diseño, entendido como una compleja operación intelectual, espiritual,
imaginaria y virtual, cuyos resultados se expresan mediante la modelación, el dibujo y la ma-
queta, termina por influir en la comprensión de quienes hacen aquella labor en la sociedad
(Gatell, 2019). Es decir, requiere entender el ámbito social del que se es parte, las necesidades
existentes y las que aún no surgen, pero que se pueden inducir al producir arquitectura. El es-
tudiante debe considerarse participante activo en la comunidad, quien durante su paso por la
dinámica del Taller de Arquitectura entenderá qué tan importante es su implicancia profesio-
nal y en qué medida puede condicionar la manera de habitar. Para ello, exige de un compro-
miso colectivo con el estudio tanto de los elementos arquitectónicos placas, barras, volúmenes
como de los antecedentes históricos que también hacen a la formación en las disciplinas del
diseño. Sin embargo, tal compromiso trae consigo las subjetividades de las diversas ideologías
previas que terminan por verse confrontadas al descubrir de dónde viene la arquitectura,
cómo se pensó, por qué y para quiénes.
Saber ser sujeto implica experimentar el mundo como se involucra (Larrosa, 2022);
por consiguiente, no existe aprendizaje proyectual si no se involucra en los ejercicios prácti-
cos propuestos por la cátedra, entendiendo así que el compromiso que se necesita para ocu-
par el rol de ayudante alumno es el de inculcar en los estudiantes la importancia del uso de
herramientas analógicas y ayudar a dar respuesta a las dificultades que se presenten en el
trascurrir del cursado. En este sentido, el resultado de experimentar en gráfica y maqueta se
complementa con un conjunto de reflexiones personales y colectivas sobre los esquicios pro-
yectuales, incluidos como métodos gráficos de esbozar las ideas, y los modos de abordaje que
cada uno de los ingresantes pueda adoptar. La sumatoria de todas esas experiencias evidencia